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Una vez que llega el momento, no hay marcha atrás. Hay un ser humano que depende 100% de ti, 24 horas al día, 7 días a la semana, de ahora para siempre, al menos un muy buen tiempo (pregúntenle a sus padres). Su vida completa depende de ti…suena muy normal, es algo que todos tomamos por sentado, pero cuando realmente te detienes a pensarlo es sumamente abrumador.

Llegar a casa con un recién nacido, una cesárea y una cantidad de hormonas descontroladas no fue para mi la experiencia más romántica, ni lo que había soñado. Estaba feliz, claro, o por lo menos me decía a mi misma que esta era la “experiencia más maravillosa que una mujer puede tener”, me sentí culpable de no ser sincera y de no poder externar en voz alta que estaba literalmente en pánico. Mi nivel de ansiedad los primeros días, el estar aterrorizada de cometer un error, de pensar que no estaba siendo “la madre perfecta” o por lo menos la que mi hija necesitaba me produjeron horas de lágrimas y desesperación. Eso es lo que los médicos llaman el “baby blues”, esta sensación de novedad abrumadora, las repentinas ganas de llorar, de sentirse inadecuada, de pensar que no vamos a poder con el paquetote que tenemos enfrente.

Tuve que pedirle a mi esposo ayuda los primeros días hasta para ir al baño (con la cesárea no te puedes agachar a subirte los calzones). El escuchar a mi bebe llorar y no poder correr a ver que sucedía ha sido una de las experiencias más desesperantes que he vivido. Quería dormir, estaba exhausta y además estaba aprendiendo a darle pecho, su ÚNICA fuente de alimento para sobrevivir, es decir, de mi capacidad de alimentarla dependía su vida. Y lo digo con tal dramatismo por que soy una persona que estuvo determinada desde un principio a amamantar. Juré no darle fórmula a menos que de plano, físicamente mi cuerpo estuviera condenado a no dar leche. Después entendí que como mamíferos es lo natural, que para amamantar -aunque algunas mujeres no lo crean- lo que se necesita, más que cooperación del cuerpo mismo, es la voluntad de hacerlo posible.

Jamás pensé que amamantar sería tan complicado al principio. Estaba confiada en que mis pezones estaban formados, que mi calostro fue abundante los primeros días y que todo iba a fluir -literalmente- sin problemas. Y así fue, en teoría. Pero en la práctica…cada bebe es distinto y no puedo hablar por las demás, mi hija sí buscaba el pecho y aprendió rápido a comer de el. Pero es aprendizaje completamente nuevo. Duele? si, un poco, depende supongo del pezón, del umbral del dolor, de las ganas que uno tenga de hacerlo.

Pero como cuando uno aprende algo completamente nuevo, que aunque te hayas leído toda la teoría, es la práctica la que hace al maestro. Es la prueba y error, es la frustración de pensar que no lo estamos haciendo bien, que no sale lo suficiente, que quizá la estaba matando del hambre. Mil ideas pasaron por mi mente las primeras semanas, entre ellas que era un fracaso y que quizá quienes les dan fórmula tienen razón. Es mejor el egoísmo y la paz mental propia que lo amamantar significa. Pero cuando pasaban esas ideas por la mente recordaba todo lo que leí, todo lo que me informé, todo lo que la lactancia significa: un vínculo inexplicablemente perfecto con tu bebe, un encuentro diario, sistemático, indescriptible con lo más primitivo de nuestra especie.

Un binomio perfecto. Amamanto luego existo. Para ella, la mejor nutrición que puede tener, para mi, la experiencia más íntima con mi hija. Lo intenté de varias maneras, varias posturas, diferentes horarios, aprendí a conocer mi cuerpo de nuevo haciendo algo completamente nuevo. Al tiempo y hasta ahora, 6 semanas después mi producción de leche es óptima, puedo sentir cuando ella quiere comer de manera física (dan unos calambres en el pecho) y estamos ya muy cómodas la una con la otra a la hora de comer. Ahora siempre recuerdo esos primeros días y pienso “qué bueno que no claudiqué, no me imagino levantarme a las 2-3 de la madrugada a preparar una botella que requiere mezclar ingredientes y calentar”….

Darle pecho a mi hija, exclusivamente, es lo que hago, es mi tarea de madre, es lo que por ahora me sale mejor, me siento orgullosa de no haberme rendido. Las dudas que tenía sobre ello se han ido disipando cuando veo que crece, que esta muy sana y que esta ganando peso como debe de ser. Me siento poderosa de ser la proovedora absoluta de la necesidad básica en la vida de mi hija en este momento. No se si después pueda satisfacer todas sus necesidades o deseos, pero por ahora lo hago y me siento muy feliz haciéndolo.

DICHO lo anterior, no puedo juzgar a las madres que no les dan pecho a sus bebes, no es para todo mundo y tampoco es la actividad más sencilla. Pero sí exhorto a que lo prueben, a que le den una oportunidad a la lactancia, si no por ustedes, por ell@s. Hay tanta desinformación, mitos, ideas completamente FALSAS sobre la lactancia que me parece pertinente hablar de ello, desmentir y naturalizar el amamantar a los bebes. No es necesario decir las bondades de la leche materna, o del vínculo, o de lo que significa para los que creemos en la crianza alternativa, basta decir que es económicamente eficiente y sumamente cómodo.

No importa el tamaño, no importa el pezón, nada importa si se tiene voluntad, determinación y paciencia. Sí duele al principio, pero…no más que un parto o una cesárea…así que si sobrevivieron eso, la lactancia es pan comido!…

Hasta la próxima…

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